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Onda roza los 24.000 habitantes en su padrón municipal, la cifra más alta de su historia, gracias a la inmigración. La localidad está representada por ciudadanos de más 50 países, personas atraídas por la oferta de trabajo existente en la ciudad y que dibujan un nuevo panorama social que ha convertido a la localidad en un ejemplo de diversidad cultural que según las previsiones de los expertos continuará durante los próximos años, siempre que la economía local permanezca igual de boyante.

La inmigración, tanto nacional como extranjera, se ha erigido en la principal causa del crecimiento demográfico de Onda. Hace apenas 100 años, la población superaba por poco los 7.000 habitantes. Tras una dura posguerra en la que las cifras oscilaron entre los 7.000 y los 10.000 empadronados gracias principalmente a la inmigración venida del sur de España, la localidad llegó a la transición superando los 16.000, una cifra que fue creciendo progresivamente hasta 1995, con 18.680 personas registradas. A partir de entonces, la población de Onda, respaldada por una economía cerámica en constante auge, recibió una gran afluencia de ciudadanos extranjeros dispuestos a nutrirse de la riqueza que empezó a generar a nivel internacional la industria azulejera, lo que conllevó que en poco más de 10 años el padrón municipal se haya situado en los 23.984 inscritos, muy cerca de los 24.000 que se espera alcanzar a final de año.

El 10% del padrón municipal
La inmigración extranjera supone el 10% de la población de Onda. Sin embargo, a finales de año este porcentaje bajará al 5% por la entrada de Rumanía en la Unión Europea, un tanto por ciento totalmente asumible por la economía local, según aseguraron fuentes municipales a ARRELS.

Es el colectivo rumano el más numeroso de la localidad, con 1.542 empadronados. El segundo puesto lo ocupa la comunidad marroquí, compuesta por 896 personas, sobre todo hombres, y la colombiana, con 170 personas. Sin embargo, no faltan en Onda representantes de países más exóticos como Sri Lanka, Uzbekistán o el Líbano.

El componente emocional es un factor muy ligado a la inmigración, según sostienen varios expertos en la materia. El miedo a "lo diferente", como es el caso de las chilabas, y la relación, a veces infundada, otras no, entre delincuencia e inmigración, hacen que muchos ondenses, algunos de ellos antiguos inmigrantes, no vean con buenos ojos este proceso que está marcando la actualidad de la mayoría de las poblaciones de Occidente, y Onda no es una excepción.

Sin embargo, a nivel local, algunos estudiosos de la problemática señalan que "si se fueran en estos momentos todos los inmigrantes extranjeros, Onda tendría un serio problema para seguir funcionando". Las labores que los extranjeros realizan, sobre todo en la construcción y en las tareas del hogar, permiten a muchos ciudadanos seguir trabajando en empleos "menos sacrificados".

En el caso de la inmigración rumana resalta el hecho de que muchos de estos ciudadanos tengan un nivel superior de estudios al que se corresponde con su trabajo actual. Esta circunstancia se explica porque los títulos académicos todavía no han sido homologados en España, y parece que todavía tardará en realizarse.

Siguiendo con el colectivo extranjero más numeroso de Onda también cabe resaltar que la mayoría de los inmigrantes acaban formando una familia en la localidad, lo que explica el aumento de la población en edad escolar y la necesidad de nuevos colegios para hacer frente a toda esta demanda. En el caso de la inmigración marroquí el problema es un poco más peliagudo.

Al contrario de lo que ocurre con los rumanos, que también beben de la cultura del Mediterráneo, los marroquís han portado de sus países de origen unos vestidos, una religión y unas costumbres que chocan en un primer momento con la cultura local.

La labor de Quisqueya
La mayoría de todos los inmigrantes que viven en Onda están legalizados, gracias en buena parte a la labor social que realiza la ONG Quisqueya en las oficinas de la parroquia del barrio de Monteblanco. El piso de acogida y la información que facilita la entidad benéfica favorece a una economía ondense que a fecha de hoy todavía se sitúa en el pleno empleo.



Un crecimiento ligado al futuro de la cerámica

El crecimiento demográfico está estrechamente ligado al futuro de la cerámica. Si el sector azulejero evita la recesión económica, la ciudad seguirá creciendo, en caso contrario, se estancará. Esta es la opinión que barajan los expertos municipales en torno al futuro de la localidad. La cerámica ha sido durante las últimas décadas el motor de la economía ondense. Desde que la ciudad se convirtiera en uno de los vértices del triángulo azulejero que forma junto a l'Alcora y Vila-real, Onda no ha parado de crecer. Hasta el municipio ha llegado, y llega, gente de diversos puntos de la geografía mundial en busca del trabajo que ofertan las azulejeras y el empleo indirecto que ellas generan.

Desde el ayuntamiento son conscientes de que si la progresión del sector azulejero sufriera un desacelaración importante, el crecimiento demográfico sufriría una parada en seco. Por ello, además de trasladar al gobierno español la necesidad de implantar medidas contra la competencia desleal de China (muchos de los países orientales no cumplen con las medidas medioambientales del Protocolo de Kioto, con la disminución de gasto que esto conlleva), el equipo de gobierno ha decidido impulsar otros espacios económicos, como el turismo o el comercio.

No obstante, en el sector cerámico, aunque siempre existen casos puntuales, se sigue confiando más en las personas de la provincia, ya que su mejor conocimiento de la elaboración del producto siempre es una garantía para las industrias azulejeras, dejando la construcción y el cuidado de los ancianos a los nuevos residentes cuyos hijos ya han nacido en la localidad.

Si Onda mantuviera el crecimiento frenético que ha predominado durante los últimos años, la ciudad debería crecer hacia la localidad vecina de Ribesalbes. La orografía ondense así lo recomienda, y las palabras del concejal de Urbanismo, Joaquín Nebot, lo corroborán aún más. "En el sur tenemos el límite que marca el río Sonella, por lo que para urbanizar la zona deberían varios puentes, por lo que lo más natural es que crezcamos por el norte, hacía Ribesalbes". Y es que tanto el este como el oeste de la población ya están ocupados, o al menos, en proyecto de urbanización. Los polígonos industriales dominan la entrada a la localidad, donde ya hay programado un PAI que revitalizará la zona. El presente inmediato lo protagonizará la ocupación de La Cossa y los alrededores de la calle Ingeniero Echegaray.

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