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Ya lo dice el dicho: “Si no lo tiene Dorotea, es que no existe”, que si bien no es frase del refranero popular, ¿quién no lo ha dicho o escuchado alguna vez en el ámbito local?. Cualquier ondense sabe que parte del mérito de esta granadina afincada en Onda es el haber convertido una pequeña ‘tauleta’ de menos de 60 metros cuadrados en un establecimiento de más de 500 que algunos conocemos como ‘Emporio Dorotea’. El motivo de este destacado cambio en menos de dos décadas se vislumbra con sólo un poco de lógica, pero ella además, nos lo confirma en esta entrevista.


Alejandra Mariner

¿Cuándo y por qué vino a parar usted a Onda desde Cúllar?
Cuando tenía 18 años, en el año 55. Me vine de Granada para buscar trabajo, como todos los que salíamos de Andalucía en aquellos tiempos.

¿Y lo encontró enseguida?
No. Durante una temporada sólo fui ama de casa pero después empezaron a salir varias cositas, pequeños negocios siempre relacionados con el sector textil. Estuve unos años vendiendo máquinas de coser de la casa Sigma, también enseñaba a bordar y durante unos siete u ocho años tejí ropa para la casa Dusen. Al final acabé tricotando y confeccionando ropa para gente de Onda que me hacían por encargo. Creo que he hecho jerseys para toda Onda.

Era usted una experta costurera, entonces.
Para nada. Yo en mi pueblo natal prácticamente lo único que aprendí fue a ayudar a mi abuela cuando vendía verduras en su puesto del mercado, nada más. No sabía nada de coser, ni de hacer patrones, pero fui aprendiéndolo sola y por necesidad. Si no salía bien a la primera, era a la segunda o a la tercera y así iba aprendiendo y saliendo cada vez mejor, pero el negocio de coser no era muy rentable y decidimos abrir un quiosco.

¿Cómo recuerda aquellos primeros años, hace ya dieciocho?
Éramos el único comercio abierto de toda la calle, por no hablar de los edificios, que no había construidos ni la mitad que ahora. Y abría desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche, sin cerrar a mediodía. Me hice una pequeña cocina allí y todo para no tener que cerrar, de forma que sólo subía a casa para dormir. La cosa fue bien, a pesar de estar en las afueras del pueblo, que era esto por aquel entonces. Lo cierto es que trabajábamos como negros y poco a poco el espacio se nos fue quedando pequeño hasta que, no sin ciertas dudas, decidimos comprar el nuevo local, enfrente del viejo que todavía conservo y gastamos de almacén.

¿Cree que ése es el secreto de su éxito, el trabajar mucho y no cerrar a mediodía?
Pues sí, eso y el trato que se le da al cliente, que también es fundamental. Lo cierto es que no recuerdo haber cerrado ni un solo día desde que abrí mi negocio por primera vez, lo único, sí cerramos medio día en las fechas en que tomaron la comunión mis hijos y también el día de Navidad, pero jamás el día entero.

AL DETALLE - A sus bien llevados 69 años, Dorotea es una mujer de rostro afable y trayectoria ejemplar a quien se le nota bien curtida tanto en cuestiones personales como laborales. Al hablar, aún mantiene cierto deje andaluz que a pesar de los años que lleva en Onda no ha podido desterrar del todo y, aunque ya jubilada, sigue estando casi siempre en su antiguo lugar de trabajo. Cuando no, destaca las charlas con sus amigas como su mejor forma de pasar el tiempo. Emprendedora, pionera y autodidacta, son tres de los adjetivos que se ha ganado a pulso y que sigue llevando como estandarte en cada momento de su vida. Aparte, su imagen entrañable y emblemática donde las haya no sería lo mismo sin ese delantal impoluto junto a su gargantilla y pendientes dorados. “Ven a esta mesa del fondo que estaremos más tranquilas”, me dice al entrar en la moderna cafetería. Ni por esas. La amena charla no para de ser interrumpida por clientes que la saludan, empleadas que le piden consejo, y su evidente preocupación cuando observa que la bandeja de bollería está medio vacía. Así, su mirada va del mostrador a la entrada pasando de vez en cuando por mi cara. Eso sí, ni por un momento pierde el hilo de la conversación.


Y nunca le han criticado por aquello de competencia desleal, en cuanto a horarios me refiero.
No, nunca he tenido gente que me quiera mal y personalmente, no me importa si otros critican mi forma de llevar el negocio. Yo nunca he criticado ni me he metido con nadie y no creo que tampoco merezca críticas. Es más, no creo que se tenga que juzgar a nadie por su procedencia, ni por los horarios que decida llevar en su propia tienda. Mira, cuando los chinos abrieron la tienda ésta de al lado hubo quien me dijo que sería mi ruina y de eso nada. En los últimos años han abierto tiendas como la mía, también con bollería propia y todos los artículos que tenemos, pero nunca he notado bajar mi negocio por la competencia, porque los clientes de siempre nunca cambian, más bien al contrario, cada vez son más.

Además, su clientela es de todo tipo y edades.
Desde luego, mucha juventud, sobre todo. Todos saben que Dorotea no cierra nunca y que además ofrece un buen trato y el mejor servicio posible. En verdad, más que clientes, tenemos amigos y me enorgullezco de que cada vez que sale alguien se despida llamándome por mi nombre. Es un detalle que me emociona y me hace sentir querida.

Hoy usted está jubilada y el negocio, que sigue prosperando día a día, lo lleva su hijo Marcelino. ¿Será por algo genético?
Algo de eso debe haber. Lo cierto es que mis tres hijos han estado siempre a mi lado, apoyándome y ayudándome en todo. Tengo mucha suerte porque ellos y yo siempre hemos sido una piña y nada de lo que he conseguido habría podido ser realidad sin ellos. Las riendas del negocio las lleva Marcelino desde ya hace tiempo. Él es realmente el emprendedor, el que siempre va de aquí para allá, comprando todo lo que se le ocurre para que no le falte nada al cliente.

Dorotea junto a su hijo Marcelino -


Pero, por lo que veo, usted sigue llevando las riendas...
No, no, yo sólo les echo una mano. Eso sí, también les doy mi opinión cuando algo no me parece bien. Formamos un buen equipo, mis hijos, mis nietos y yo.

Sin duda, porque después de 7 años en el nuevo local, hace dos que adquirieron otro adjunto que hoy se ha convertido en cafetería.
Eso también fue idea de mi hijo al ver que el negocio se iba consolidando cada vez más. Ya teníamos este local pero sólo lo usábamos como almacén desde que lo compramos hasta que al final decidimos hacer la nueva cafetería que inauguramos este pasado julio y que ahora lleva mi nieto David.

y con su nieto David -


Desde luego, nadie puede negar que ha logrado todo lo que tiene trabajando, pero ¿nunca tenido la sensación de haberse perdido algo por haber pasado tantas hora detrás de un mostrador? ¿algo de vida, tal vez?
No, no considero que haya perdido nada de mi vida por pasarme tantas horas trabajando. He tenido tiempo para atender a mi familia y la unión que siempre hemos tenido entre mis hijos y yo lo demuestra. Tampoco es que tenga ninguna afición en especial, aunque siempre he disfrutado de juntarme con mis amigas y hablar de nuestras cosas. Ahora lo hago con más desahogo pero antes también sacaba el tiempo de donde fuese para darme esos pequeños placeres.

¿Cuál sería su consejo para quienes quieran seguir su ejemplo, el de trabajar de sol a sol?
Eso y el buen trato y servicio que dar al cliente, por supuesto. Mira, creo que cuando un negocio cierra es porque quien lo lleva no tiene ganas de trabajar. Quien crea que va a hacerse rico de la noche a la mañana va apañado. Yo se lo digo a mi nieto, que esté tranquilo, porque un negocio no produce ganancias enseguida. Yo he pasado rachas muy malas pero nunca he abandonado a las primeras de cambio y generalmente todo tarda en prosperar, pero si se cierra una tienda por no tener clientes, es seguro que no los va a tener nunca.

Está claro que aún le quedan etapas por quemar al Quiosco Dorotea ¿Qué será lo próximo?
Pues no digo que no. Todavía nos queda otro local adjunto que da a la avenida Serra d’Espadà y que ahora también utilizamos como almacén. Más adelante pues... quién sabe, tal vez un pub o algo, todavía no está claro del todo.

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