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Su nombre nos suena a casi todos los ondenses, pero poco más y no me refiero a la protagonista de esta entrevista, sino al tema que nos ocupa: Anna Rebeca Mezquita. Una calle, el efímero nombre del instituto… un personaje desconocido al fin y al cabo pero que nos es familiar y que sólo personas con las inquietudes y ganas de saber de Concha Piñón se aventuran a investigar para despejar interrogantes propios y ajenos.

AL DETALLE

A sus 59 años, esta mujer que ha dedicado toda su vida profesional a la enseñanza, pasa el poco tiempo libre que le queda entre obras literarias.

La lectura, sus paseos por la naturaleza y el hecho de viajar para conocer otras costumbres y otras formas de vida, son también las pasiones de esta educadora que evita hablar de ella misma porque cree que “lo realmente interesante es todo lo demás”.

En la actualidad, y en la recta final de su labor como profesora, según ella misma señala, realiza labores de investigación sobre Anna Rebeca Mezquita porque quiere dar a conocer al mundo la importancia de una obra magistral como pocas, muchos de cuyos episodios nacieron exclusivamente desde los sentimientos más sinceros y profundos para honrar al pueblo de Onda.
 


Alejandra Mariner
¿Cuándo y por qué se preguntó por primera vez quién era Anna Rebeca Mezquita?
Cuando era sólo una adolescente, aunque recuerdo perfectamente la situación: presenciaba una entrega de premios del Ateneo y surgió su nombre que me chocó enseguida, tanto por el nombre en sí como por el hecho de que esa mujer desconocida fuese canaria y escribiese en valenciano dedicándole poesías a Onda. No puedo precisar cómo ni por qué me puse a investigar sobre ella pero la primera vez que oí ese nombre se me quedó bien grabado.

Y algunos años después comenzó su labor de recopilación de datos. ¿Qué proceso siguió?
No fue fácil, desde luego, pero sin duda valió la pena porque he conocido a gente maravillosa. Para empezar, no existen archivos de su nacimiento ni ningún otro tipo de datos, pero sí quedaban familiares en vida que aún residen en Onda, así es que les localicé y hablé con ellos. Me contaron vivencias de Anna Rebeca, recuerdos, episodios… Después ya me puse en contacto con su hijo Fernando y su mujer, ya fallecidos, que vivían en San Cristóbal de la Laguna (Tenerife), con quienes hice muy buena amistad y se ilusionaron con el proyecto. Aunque igualmente agradezco de corazón la ayuda y los diálogos que he mantenido con la nieta, Ana Valentín Mezquita, con Tomás y Vicente Almer, Joaquín Calzada, la familia de Antonio Peris...

Un proyecto que vio la luz en 1990 aunque cabe precisar que usted lo hizo de forma totalmente altruista y sin obtener ningún beneficio al respecto.
Así es. Logré recopilar muchas cosas inéditas, no sólo episodios de su vida sino también de su prolífica obra, de modo que escribí una antología breve que editó el ayuntamiento, aunque con una tirada corta.

¿Por qué se le puso su nombre al instituto y luego se le quitó?
Todo fue en la misma época y como había que buscar un nombre para el instituto se propusieron el de Anna Rebeca Mezquita y el de Montí, y finalmente se optó por el primero aunque poco duró, puesto que al fusionarse los institutos de bachiller y formación profesional se decidió sustituirlo por el actual de Serra d’Espadà. Personalmente opino que fue una decisión errónea y me pareció una gran falta de desconsideración y de educación para con su familia, sobre todo respecto a su hijo y sus nietas.

¿Es quizá por ello que ahora decide usted continuar investigando la vida y obra de esta mujer?
Lo cierto es que la familia se lo merece, pero aparte, no seguir investigando y sacando cosas sería negar al mundo el placer de un trabajo poético de una calidad incuestionable. El primer trabajo fue sólo una antología pero ahora pretendo recopilar sus obras completas y elaborar una aproximación más seria que en la anterior ocasión, con el fin de publicar todo lo inédito de esta escritora. Es un trabajo profundo, pero repito que vale la pena.

¿Por qué? ¿Qué destacaría de la poesía de Anna Rebeca Mezquita?
Que es pura inspiración. Es como mejor puedo identificarlo. No se sujetaba a cánones, sino que escribía dedicando, como si regalara sus poemas. Sin duda tenía una faceta y una facilidad especial, como pocos autores. Era como si eclosionara en su interior y lo manifestara en forma de poema. Llevaba el lirismo dentro y su poesía era innata, de calidad, aludiendo a los clásicos pero sin dejar de ser ella misma y exteriorizar todo lo que llevaba por dentro.

¿Cuándo verán la luz estas obras completas?
Lo antes posible, aunque no puedo ponerme fechas. No obstante, quisiera poder acabarlo en el plazo de un año, como mucho, pero es difícil cuando no puedes dedicarle todo el tiempo que se merece, por otros motivos laborales.

Más vale tarde que nunca.
Sin duda, se trata de ensalzar la labor de una mujer encomiable que ha pasado casi siempre desapercibida en el propio municipio que la vio nacer, algo que no se merece porque ella no se quedaba nada, lo regalaba todo, en forma de sus escritos.

¿Quién fue Anna Rebeca Mezquita?
La poetisa Anna Rebeca Mezquita Almer nacía en Onda un 26 de octubre de 1890 al abrigo de un hogar situado en la misma plaza del Almudín. Las indudables raíces ondenses de sus progenitores y su propia infancia marcarían su obra de por vida, así como su fecha de nacimiento:

“Ja hi som Octubre al ple de Fira
al ple de Fira em vas portar
als dolços braços de la mare,
i un any i un altre en mi has estat”

Aunque su estancia en este municipio se relegara a su niñez, el recuerdo y cariño que le dedicó a estas tierras continuarían por siempre en sus versos:

“Soc nascuda a un poble de la serrania
on per entre els munts el sol se’n va a jaures
on vella verdor la conca encantifa
i entre conca i cel passetgen les aures”


Su padre, farmacéutico, se estableció en Nules durante los años de juventud de Anna Rebeca y fue en esta localidad donde se casaría con Manuel Valentín, en 1917. Después, el matrimonio se trasladó a Valencia, donde tuvo dos hijos: Fernando y Rafael. Pero la familia siguió trasladándose hasta fijar su residencia en las islas Canarias, en 1931, aunque volvería a Valencia en 1946 y en 1953 publicaría su primer libro “Vidres”, al que le seguirían una serie de premios en los Juegos Florales de Nules y también de Valencia, sin olvidarse del galardón que obtuvo en el I Certamen literario del Ateneo Cultural y Mercantil de Onda, en 1965, que tampoco sería el último y de cuya entidad la hicieron socia.
No obstante, tanto trasiego de lugares y gentes nunca impidió que Anna Rebeca Mezquita siguiese fiel a su lengua natal y a su lugar de nacimiento, como así constataría en multitud de sus escritos.
Quienes tuvieron el privilegio de conocerla la recuerdan como una mujer tranquila, serena y equilibrada, al igual que sus versos que fluyen apacibles y espontáneos.
Su muerte llegaría el 6 de octubre de 1970, en la isla del Tenerife.  


JUAN FRANCISCO TORRALBA
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